Cada persona aprende de una forma distinta y peculiar fruto de sus rasgos cognitivos, fisiológicos y afectivos y, también, de los factores relacionales y ambientales.

Los rasgos cognitivos tienen que ver con la forma en que la persona estructura los contenidos, forma y utilizan conceptos, interpreta la información, resuelve los problemas, selecciona medios de representación (visual, auditivo, kinestésico), etc. Los rasgos afectivos se vinculan con las motivaciones y expectativas que influyen en el aprendizaje, mientras que los rasgos fisiológicos están relacionados con el biotipo y el biorritmo de cada individuo.

James Keefe  (1988) define los estilos de aprendizaje como “los rasgos cognitivos, afectivos y fisiológicos, que sirven como indicadores  relativamente estables, de cómo los discentes perciben, interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje”.

Es decir, como las distintas maneras en que una persona puede aprender.

Existen múltiples clasificaciones de estilos de aprendizaje según los rasgos predominantes en el alumnado. Cada uno de ellos se inclina por varios de estos factores de forma simultánea, no son patrones fijos sino flexibles y pueden variar a lo largo de la socialización.

Honey y Mumford (1986) establecieron que los estilos de aprendizaje son cuatro:

Activo: se refiere a aquellas personas que se involucran totalmente en las experiencias nuevas. Disfrutan el momento presente y se dejan  llevar por los acontecimientos. Suelen ser de entusiastas ante lo nuevo y tienden a actuar primero y pensar después en las consecuencias. Este tipo de alumnado aprende mejor cuando se lanza a una actividad que es un desafío y cuando son actividades cortas y de resultado inmediato. Les cuesta aprender cuando tienen que adoptar un papel pasivo.

Reflexivo: pertenece a los alumnos y alumnas que tienden a adoptar la postura de la observación analizando las experiencias desde perspectivas distintas. Recogen datos y los analizan detalladamente antes de llegar a una conclusión. Son precavidos y analizan todas las implicaciones de cualquier acción antes de actuar.

Teórico: referido a aquellas personas que para aprender adaptan e integran las observaciones que realizan en teorías complejas y bien fundamentadas lógicamente. Piensan de forma secuencial y paso a paso, integrando hechos dispares en teorías coherentes. Les gusta analizar y sintetizar la información y su sistema de valores premia la lógica y la racionalidad. Les cuesta más aprender: con actividades que impliquen ambigüedad e incertidumbre y en situaciones que enfaticen las emociones y los sentimientos.

Pragmático: pertenece a personas a quienes les interesa probar ideas, teorías y técnicas nuevas, y comprobar si funcionan en la práctica. Les cuesta más aprender: cuando lo que aprenden no se relacionan con sus necesidades inmediatas, con las actividades que no tienen una finalidad aparente y/o cuando lo que hacen no está relacionado con la realidad.

Es importante resaltar que no hay estilos de aprendizaje puros, de igual manera que no hay estilos de personalidad puros ya que todas las personas utilizan diversos estilos de aprendizaje, aunque alguno de ellos pueda ser predominante.

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