Hay un antes y un después desde el covid 19.

Esta pandemia, sin precedentes a nivel mundial, nos ha cambiado la vida de un día para otro.

En nuestro país, la situación de crisis sanitaria ha sacudido al resto de sistemas como la economía,

la educación o la protección social y el efecto tsunami ya está siendo devastador. El mercado de trabajo ha alcanzado máximos históricos de desempleo en apenas un mes.

Desde los Servicios Sociales de Atención Primaria ya estamos viendo los efectos. No hace falta esperar a que los contagios del virus estén más controlados para que las necesidades sociales de los grupos poblacionales más vulnerables se multipliquen, quedando al descubierto la fragilidad de nuestros sistemas de protección social.

La situación de emergencia social, también sin precedentes, nos exige reinventarnos y reorganizarnos de diferente manera a como veníamos trabajando. Todo esto sobre la marcha, de manera improvisada ya que no hay tiempo ahora para el análisis (espero que la reflexión llegue después).

Ya no importan tanto las citas, ni las entrevistas. Ahora, lo que realmente importan son las personas y la cobertura de las necesidades más básicas como la alimentación y la vivienda. Seguimos atendiendo de manera directa, recogiendo la desesperanza y el miedo de las personas para devolver escucha, calidez y comprensión.


Las situaciones de desprotección se suceden en todos los grupos poblacionales, aunque ya sabemos quienes están siendo los más vulnerables: nuestros mayores. Muchos de ellos y ellas se sienten ahora solos, aislados y con gran incertidumbre sobre su futuro. En ocasiones, sin ningún tipo de red social o familiar agradecen desde lo más profundo una simple llamada interesándose por su estado, o por si necesitan algo. Todas las recomendaciones que les podamos hacer son pocas. Y ellos y ellas, desde la aceptación y resignación que ha marcado sus vidas, asumen que deben pasar los días venideros aislados, sin saber muy bien hasta cuando…

Son muchos los retos y desafíos pendientes para el Trabajo Social pero también es destacable que en esta situación de crisis se han desarrollado algunos aspectos, de forma rápida y repentina, para favorecer las necesidades emergentes, y que han venido para quedarse. Uno de ellos es el teletrabajo: trabajo a distancia favorecido por la innovación de las tecnologías.

Impensable desde los Servicios Sociales Municipales hace dos meses, en estos momentos se ha implantado con fuerza en nuestras jornadas ya que ha sido una exigencia promover y garantizar el trabajo seguro de los y las profesionales para evitar contagios.

Gracias al teletrabajo, se ha hecho posible que continuemos con nuestras intervenciones y podamos canalizar las nuevas necesidades que están surgiendo fruto de esta situación de emergencia. Seguimos realizando con fuerza apoyo psicosocial a las personas, entrevistas telefónicas, gestionamos recursos para que las personas puedan permanecer en sus casas, hacemos seguimientos de casos, nos coordinamos con otros profesionales…y en definitiva, seguimos apoyando a las personas haciendo de ese “escudo social” del que tanto se habla. Los Servicios Sociales Municipales son una actividad esencial y no han podido parar.

Aunque la implementación de este modelo de trabajo para los Servicios Sociales pueda ser mejorable y se haya realizado de manera improvisada, es sin lugar a dudas, una buena referencia a tener en cuenta para el futuro como una medida para favorecer la conciliación familiar y profesional, por ejemplo. O para favorecer la flexibilidad en el puesto de trabajo. Porque desde los Servicios Sociales también es posible innovar y adaptarse a los nuevos requerimientos y realidades de un mundo cambiante.

Cristina Garcia. Trabajadora Social en Servicios Sociales Municipales y socia fundadora de Opta Formación.

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